martes, 23 de febrero de 2016

¿Qué pretendemos en este Blog?

"La capacidad de asombro es la semilla del conocimiento."

Este BLOG no pretende dar la “receta mágica” que muchas veces quisimos encontrar para resolver nuestros conflictos con los alumnos. 

En él encontrarán propuestas metodológicas y actividades posibles de realizar, que están abiertas a cambios y modificaciones para adecuarlas a la realidad de cada docente (a su grupo , a las posibilidades estructurales y materiales), pero fundamentalmente a su capacidad creativa, que no dudamos que es la mejor dentro de nuestro sistema educativo actual. 

Pretendemos estimular a los DOCENTES que quieran elaborar diseños pedagógicos en los cuales el alumno pueda disfrutar del placer de educarse a partir de las Ciencias Naturales; que mientras actúan aprendan a conocer, amar y respetar a nuestra madre naturaleza. Esto implica un trabajo profundo no sólo sobre los cambios conceptuales y metodológicos, sino que principalmente tiene asidero en lo actitudinal, en los valores y en cambios en el estilo de vida. 

Nosotros, los docentes, debemos aspirar a ser los modelos que permitan cambiar a nuestra sociedad y crear un mundo diferente. 


Para ello, dos palabras claves son: imaginación y creatividad; que según nos dice Montserrat Moreno Marimón en su libro "Ciencia, aprendizaje y comunicación"

“La imaginación es el punto en que se entrecruzan las trayectorias del artista y del científico. El artista mediante su obra convierte en realidad lo imaginado, el científico mediante la suya convierte en imaginado lo real. 
Hay algo, además, en lo que se diferencian y es el grado de cordura de uno y de otro. El artista es mucho más cuerdo que el científico, ya que nunca pierde de vista que su obra es producto de su fantasía. 
El científico alucina mucho más, hasta el punto de confundir el producto de su fantasía con la misma realidad. El educador debe tener la conducta del artista para usar sin peligro los métodos o los resultados de que disponen los científicos y aunque con ésto no se consiga cambiar el mundo, trabajará, después, en un mundo diferente.”

El Período de Diagnóstico: Los Conocimientos Previos


Los conocimientos previos en el proceso de enseñanza-aprendizaje:

El interés de la concepción constructivista por las cuestiones relativas al estado inicial de los alumnos se debe a que desea hacer hincapié en cuanto repercuten e inciden las mismas en los procesos de enseñanza-aprendizaje que se llevan a cabo en el aula o la sala.

Una de las afirmaciones más contundentes acerca del papel del conocimiento previo del alumno en los procesos educativos es la sentencia de Ausubel, Novak y Hanesian que dice:
"...el factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. Averígüese esto y enséñesele en consecuencia...”

Al iniciar un proceso educativo no es necesario conocer todo lo que el alumno sabe.
¿Qué es lo que necesitamos conocer?
¿Qué nos puede orientar para establecer cuál es la frontera entre lo necesario y lo innecesario que hay que conocer para poder organizar y planificar nuestra enseñanza?


El primer criterio lógico de selección respecto a los conocimientos del alumno que es necesario explorar es el contenido básico sobre el que se centrará el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El segundo criterio son los objetivos concretos que perseguimos en relación a dichos contenidos y al tipo de aprendizaje que pretendemos alcancen nuestros alumnos.

La enseñanza de un mismo contenido de aprendizaje puede ser abordada con objetivos distintos por distintos docentes, o por la misma en función de las circunstancias en las que se lleve a cabo el aprendizaje.

La exploración de los conocimientos previos

Para realizarlo debemos tener en cuenta tres preguntas:

1. ¿Qué explorar? El objeto de nuestra indagación debe ser los conocimientos previos de los alumnos que son pertinentes y necesarios para poder abordar el aprendizaje de nuevos contenidos dentro de nuestro ámbito de acción. Son nuestros objetivos respecto al nuevo contenido y las actividades que planificamos en relación a ellos lo que acaba definiendo los esquemas de conocimiento que los alumnos van a tener que actualizar y movilizar ante la nueva situación de aprendizaje. Un recurso útil para decidir qué explorar es la propia experiencia docente.

2. ¿Cuándo explorar?
Inicialmente podemos decir que la respuesta es obvia y simple: siempre que lo consideremos necesario y útil para llevar a cabo nuestra labor y ayudar a los alumnos en su aprendizaje. Se puede realizar una exploración global al iniciar una unidad didáctica y posponer la evaluación de aspectos más específicos o puntuales al inicio de una actividad concreta.

De acuerdo a los niveles hay diferentes recursos que podemos emplear:

  • El diálogo a través de preguntas problematizadoras pero además se pueden emplear:
  • Una seriación con dibujos sobre una determinada temática en la que el alumno deba dibujar el final.
  • Una anticipación a realizar en el inicio de una experiencia de laboratorio con justificación incluida.
  • El armado de un diseño experimental para comprobar un determinado concepto.
  • El dibujo por sí mismo es un gran arma con la que contamos para anticipar. Por ejemplo al iniciar el tema de la germinación se les puede pedir que dibujen una secuencia en relación a cómo van a crecer las plantas. Al mismo tiempo nos servirá de material de registro.

La enseñanza de un mismo contenido de aprendizaje puede ser abordada con objetivos distintos por distintos  docentes, o por los mismos en función de las circunstancias en las que se lleve a cabo el aprendizaje.

3. ¿Cómo explorar?
Es la respuesta más difícil ya que existen muchos instrumentos.
El diálogo entre la maestra y el alumno a partir de preguntas problematizadoras permitirán una exploración más flexible y más rica, pero además permitirán preservar la dinámica del aula.

No sólo se deben explorar los conocimientos de tipo conceptual sino que es necesario además explorar los procedimentales (por ej., a partir de tareas donde sea posible observar de manera más o menos directa la secuencia de pasos que llevan a cabo los alumnos en relación al procedimiento que hemos determinado explorar) y los actitudinales (por ej., mediante la observación, el diálogo alumno-docente), en la que el punto de partida sean situaciones en la que los alumnos deban aportar respuestas a un problema acudiendo a actitudes o valores que han ido construyendo.


En todos los casos es necesario tener muy en cuenta:

● Que el planteo o consigna inicial sea accesible a la comprensión de todos los alumnos.
● Que se límite al objetivo sobre el que vamos a trabajar.
● Que no admita respuestas por sí o no.
● Que durante la exploración no se den explicaciones adicionales que perturben el pensamiento original del niño, aunque sí aclaraciones sobre el sentido de lo que se está preguntando.
● Que se evite el intercambio de opiniones entre los alumnos, ya que pueden llegar a "contaminar" las respuestas de muchos con ideas ajenas.
● Que no se interfiera para nada en la elaboración de las respuestas, es decir, no se confirme la validez de ninguna respuesta, ni se reprueben los desaciertos.

Las habilidades Cognitivo-Linguísticas

Hablar, leer y escribir para aprender ciencia por Neus Sanmartí

Introducción
En todas las clases se lee, se habla y se escribe. También en las clases de ciencias. Los maestros animamos a los alumnos a plantear preguntas, les pedimos que lean textos escritos, les estimulamos para que hablen sobre los experimentos que llevan a cabo y sobre sus ideas, y les pedimos que las escriban.
Aprender ciencias pasa por apropiarse del lenguaje de la ciencia, aprendizaje que está asociado a nuevas formas de ver, pensar y hablar sobre los hechos, distintas de las formas cotidianas de ver, pensar y hablar. A través del lenguaje de la ciencia los escolares pueden acceder a una cultura diferente: la cultura científica.
Cada cultura tiene su propio lenguaje. Como dice Lemke (1997:12), “el lenguaje no es sólo vocabulario y gramática: es un sistema de recursos para construir significados.
Nuestro lenguaje nos proporciona una semántica. (…). Necesitamos la semántica debido a que cualquier concepto o idea particular tiene sentido sólo en términos de las relaciones que tiene con otros conceptos e ideas”.
Las personas que investigan en ciencia, crean conocimiento científico hablando y escribiendo. Para la consolidación de un conocimiento no sólo son importantes las ideas y los experimentos que posibilitan obtener evidencias para avalarlas, sino también las discusiones entre científicos que ponen a prueba las nuevas maneras de hablar acerca del nuevo saber, y los escritos (artículos) que posibilitan comunicarlo.
De manera similar, los jóvenes que aprenden ciencia realizando una actividad científica escolar no sólo reconocen nuevas ideas e identifican evidencias, sino que también aprenden a hablar y escribir sobre ellas, de forma que este hablar y escribir les posibilita dar un mejor significado a aquellas ideas y experimentos. Es decir, se aprende ciencias aprendiendo a hablar, leer y escribir ciencia.



Las habilidades Cognitivo-Linguísticas: Competencia científica y competencia lingüística

Desde el programa de evaluación PISA (OCDE, 2006), la competencia científica se define como “la capacidad para utilizar el conocimiento científico para identificar preguntas y obtener conclusiones a partir de evidencias, con la finalidad de tomar decisiones sobre el mundo actual y los cambios que las actividad humana produce en él”.

Desde esta perspectiva, la competencia científica se relaciona con la toma de conciencia sobre cómo la ciencia y la tecnología forman parte de nuestra cultura y sobre la importancia de participar en los debates ciudadanos y de actuar de manera reflexiva, teniendo en cuenta los conocimientos científicos actuales y las evidencias que los sustentan.

Las preguntas de evaluación que se plantean en el programa comportan leer textos de distintos tipos –periodísticos, históricos, divulgativos…- que incluyen gráficos, imágenes, esquemas, tablas, etc. y, en muchos casos, escribir una explicación o argumentar las ideas expresadas en las respuestas.

La primera reacción de muchos profesores al ver las características de estas preguntas es decir que “Mis alumnos sólo con ver un texto tan largo, ya ni se ponen a leerlo”. Pero en el contexto actual, en el que la información nos llega fundamentalmente a partir de Internet, no se puede renunciar al reto que representa conseguir que nuestros alumnos lean comprendiendo el significado de un texto y que aprendan a disfrutar leyendo ciencia.

La competencia lingüística se puede definir como la capacidad de interpretar y de emitir mensajes. Comporta saber conversar, escuchar, expresarse oralmente, por escrito y a través de lenguajes audiovisuales, utilizando el propio cuerpo y las TIC, y se relaciona con la gestión de diversas lenguas y con un uso adecuado de diferentes tipos de textos, en diferentes soportes y teniendo en cuenta sus distintas funciones.

La competencia comunicativa lingüística es la base de todos los aprendizajes y, por tanto, su desarrollo es responsabilidad de todas las disciplinas del currículo.

Pero nos equivocaríamos si pensáramos que es una relación unidireccional, es decir, que en las clases de ciencias debemos procurar que los alumnos se expresen utilizando de forma adecuada las reglas ortográficas y sintácticas.
Más bien es una relación que podríamos llamar simbiótica, ya que, como hemos visto en el apartado anterior, aprender ciencia comporta aprender a hablarla y escribirla, pero no hay duda de que al mismo tiempo se aprende a hablar y escribir.
Por ejemplo, en el lenguaje cotidiano podemos decir que “los cactus se han adaptado a vivir en lugares con poca agua”.
Esta expresión refleja un punto de vista lamarquiano de la evolución y el cambio hacia posiciones darwinianas comporta cambiar tanto el modelo de pensamiento como la forma de hablar. En este caso, el cambio es sólo de una forma verbal –de “se han adaptado” a “están adaptados”-, muy relevante desde la ciencia aunque gramaticalmente las dos formas son correctas.

No hay duda de que la interiorización de las ideas actuales de la ciencia pasa por la toma de conciencia de las nuevas maneras de pensar tanto como de las maneras de hablar, pero al mismo tiempo la interiorización de las diferencias entre las formas verbales requiere reconocer sus significados al utilizarlas con sentido en distintos contextos.

La competencia lingüístico-científica también necesita saber diferenciar en qué contextos utilizamos cada tipo de lenguaje. En un contexto cotidiano se puede hablar de “coger frío”, mientras que en el contexto científico está expresión no tiene sentido y se tendría que hablar de “transferir energía en forma de calor desde muestro cuerpo al exterior”.
Pero sería absurdo utilizar esta expresión cuando nos encontramos con los amigos en una noche helada.

Los alumnos procedentes de ambientes culturales ricos aprenden en su familia a diferenciar entre contextos y hablan de forma distinta a sus padres que a sus compañeros, y también en clase de ciencias que en la de literatura, pero la escuela tiene que promover que todos los alumnos aprendan a utilizar los distintos códigos en función del contexto de habla.

Para que los alumnos aprendan a diferenciar contextos, un tipo de actividad que hemos experimentado como muy útil se relaciona con promover que tomen conciencia de que se puede hablar de un mismo hecho de formas muy distintas

Una misma realidad, pero distintas descripciones
1. Imagínate que eres poeta: Describe esta flor
2. Imagínate que eres una persona que vende flores: Describe esta flor
2. Imagínate que eres una persona científica: Describe esta flor

Muchas veces decimos que un alumno tiene un determinado conocimiento científico, pero no sabe expresarlo hablando o escribiendo.
Este es un error importante de muchos de los profesores de ciencias, ya que si un alumno no es capaz de hablar adecuadamente sobre una determinada idea científica no se puede afirmar que la sabe. Puede ser que tenga una primera representación sobre el concepto, pero su interiorización, su aprendizaje significativo, pasa por saber comunicarlo. Como generalmente no profundizamos en los componentes lingüísticos de dicho aprendizaje, poco tiempo después se olvida y parece como si nunca se hubiera estudiado.

Paralelamente, a veces suponemos que un alumno se ha apropiado de un conocimiento científico porque sabe nombrarlo.
Por ejemplo, el concepto de flor no se reduce a saber el nombre de sus partes, más aun cuando hay muchas flores que no tienen pétalos, ni sépalos.
Tampoco se relaciona con saber repetir la definición que se encuentra en un libro.
Dar sentido científico a la palabra “flor” requiere interrelacionar muchos hechos y muchas ideas y reconocer las que son relevantes, distinguiendo las necesarias y suficientes de las que no lo son.

Estos pocos ejemplos nos muestran que también debemos reconceptualizar las relaciones entre el desarrollo de las competencias científica y lingüística y que no tiene demasiado sentido pensar que ‘conocer’ y ‘hablar’ son dos procesos bien diferenciados.

De pensarlas como competencias bien diferenciadas hemos de pasar a verlas íntimamente imbricadas, de forma que no se puede pensar que se desarrolle una sin la otra. Es un cambio de perspectiva que al mismo tiempo se transforma en un reto para los que enseñamos.

Ahora escuchemos el 2° video de la serie de la Doctora en Ciencias Neus de SanMartí